domingo, 27 de diciembre de 2020

 

Cuento de navidad


Había una vez un rey del que todos contaban y cantaban su bondad. Por todos los rincones del reino se sentía el amor del monarca por su pueblo y por su gente. Siempre tenía una palabra de consuelo, un gesto amable para los que peor lo estaban pasando.

El rey, campechano, y siempre con una sonrisa en los labios se sabia amado por su pueblo, y él, correspondía ese amor con justicia e igualdad. Hasta el punto, que una vez se puso al frente para detener el levantamiento de unos soldados que pretendían acabar de forma bárbara y violenta con la obra del rey. Desde entonces, ya nadie dudaba de que el rey era un hombre justo y honesto.

Así transcurrieron los años, las décadas, la paz sin sobresaltos, todo era del color de la solidaridad y la amistad, nunca pueblo alguno, vivió años de tanta felicidad y progreso.

Pero un día, a la corte llegaron unos personajes que al rey y a sus súbditos les incomodó su presencia, pues se les notaba que su objetivo era la derrota de la monarquía.

Todas las fuerzas que el rey había acumulado las utilizó para impedir que esos personajes tuvieran la mas mínima esperanza de poder. Pero parte del pueblo les dio la suficiente confianza para ocupar unos espacios de poder dentro de la corte, y empezó una terrible investigación sobre las andanzas del rey campechano.

Entonces se supo, que el rey bueno salía algunos días de palacio para mezclarse con las cortesanas mas díscolas y según las mala lenguas con algún que otro cortesano experto en placeres lascivos. Cambien se descubrió que el monarca, se dedicaba a recaudar dinero de forma no muy bien vista entre ciertos sectores de la sociedad.

Y así fue como el rey bueno, acorralado por sus desmanes y engaños tuvo que dejar su patria y huir a un lejano país donde terminó sus días de vida y gloria entre los tesoros que había robado a su pueblo, pero antes, en un alarde de su majestuosidad, dejo al cargo del reino a su hijo, que según se comentaba por toda la corte era el mejor preparado para continuar la obre de su padre.

Y en esas estamos queridos niños.

lunes, 7 de diciembre de 2020

 

Don cosme





Era don Cosme un señor

con pintas de haragán,

dueño de buena hacienda

y esposo de doña Vicenta,

ella flaquita y estirada

de pelo plateado y ojitos de perdiz,

él orondo y medio calvo

con pinta de águila la nariz.


Tenían dos hijos robustos,

el mayor medio lelo con cara de susto,

el benjamín bizco de un ojo

y del pie izquierdo medio cojo,

Quisieron casarlos con grandeza,

pero a las doncellas de la comarca

las dio pereza, ellos perdieron la risa,

los sesos, golpeándose la cabeza.


Pero vayamos por partes

y empecemos por el principio,

que todavía no es tarde

y no es bueno el precipicio,

que para contar la verdad de la historia

Y antes de ser recogida la cosecha,

primero hay que llevar al asno a la noria

y dejarse el lomo al sembrar la tierra barbecha


II


Nació don Cosme de madrugada

en medio de una fuerte tormenta,

la madre de angustia de parto fue muerta,

Y fue largamente por el marido llorada.


Al lado del campo santo, el amo tenía unas tierras,

que el padre de cosme labraba

una veces con llantos y otras con furia de fieras,

mientras el niño en un cesto dormía

que no tenía quien lo cuidara

Ni en el ocaso ni en el alba.


Así fue creciendo don cosme

que como veis, no siempre fue don,

mas bien zagal carcomido, y mas bruto que un azadón

entre duros inviernos y floridas primaveras,

entre otoños de castañas y veranos de brevas secas

Algún conejo de campo y caldo de gallina vieja,

camisa de paño zurcido y pantalón de pana tiesa

don cosme miraba los campos con ojos de riqueza.


Y así fue pasando el tiempo,

y el zagal se convirtió en mozuelo,

después en hombre robusto,

casose con vicentita, hija de don Fermin,

que como ya quedó dicho, era flaquita

y contrahecha, pero avariciosa sin fín.


Sembraron sin descanso,

Y sin descanso cosecharon,

a buen precio vendieron

y mas campos compraron,

y poco a poco el talego,

de buenas monedas llenaron.


Y hasta aquí la primera parte

de la historia de don Cosme

pues hay que que contar su vida

con tranquilidad y paciencia

que son muchos los dres y diretes

que por la comarca cuentan

que son mchos los putos y comas

y hay que hacer bien las cuentas.

sábado, 5 de diciembre de 2020

 Si me abres

las sabanas de tus labios, y me cuentas despacio tus besos, si susurras tus cartas con letras eternas, que me hablen de amor y puertas abiertas, si me miras con ojos de estrella, y me abrazas con luz de centella, te prometo amor mío, que tu alma será mi delirio.